Para las culturas prehispánicas, este periodo marcaba renovación, agricultura y el comienzo de un nuevo ciclo de vida
Cadereyta de Montes, Qro., 14 de marzo de 2026. — Antes de la adopción del calendario gregoriano y de la influencia colonial, diversas culturas prehispánicas en México celebraban el inicio del año nuevo durante el mes de marzo, coincidiendo aproximadamente con el equinoccio de primavera, momento considerado sagrado por los pueblos mesoamericanos.
Para los mexicas (aztecas) y también para los mayas, marzo representaba el comienzo de un nuevo ciclo natural y agrícola, una etapa asociada con la renovación de la vida, el movimiento del cosmos y la preparación de la tierra para la siembra.
El año nuevo mexica y el inicio del ciclo agrícola
Diversos estudios sitúan alrededor del 12 de marzo la celebración del Yancuic Xīhuitl, considerado el Año Nuevo Mexica, que marcaba el inicio de un nuevo ciclo de 365 días.
Durante este periodo se realizaban ceremonias dedicadas a la renovación espiritual y social, celebrando la vida, las tradiciones y el comienzo de una nueva etapa para la comunidad.
Aunque el calendario romano ya había establecido el 1 de enero como inicio del año desde el 153 a.C., en Mesoamérica persistieron durante siglos las celebraciones vinculadas al ciclo natural y agrícola que iniciaba en primavera.
Marzo y la fundación de Tenochtitlan
Este mes también guarda relación con uno de los momentos más emblemáticos de la historia mexica: la fundación de Tenochtitlan, considerada tradicionalmente el 13 de marzo de 1325.
Según la tradición, los mexicas encontraron la señal prometida por Huitzilopochtli: el águila posada sobre un nopal devorando una serpiente, símbolo que hoy forma parte del escudo nacional de México.
Equinoccio de primavera y espiritualidad
Para los pueblos mesoamericanos, el equinoccio de primavera, alrededor del 21 de marzo, era un momento de gran significado espiritual y agrícola.
Entre los mayas, este fenómeno se asociaba con el descenso de Kukulcán, la serpiente emplumada, visible en la pirámide de Chichén Itzá a través de un juego de luz y sombras que simboliza su llegada a la tierra.
Este periodo indicaba también el momento adecuado para iniciar la siembra del maíz, el cultivo fundamental de las civilizaciones mesoamericanas. Durante estas fechas se realizaban ofrendas a los dioses de la lluvia, como Chaac, con la esperanza de obtener buenas cosechas.
Rituales, renovación y cosmovisión
En el México antiguo, marzo no era simplemente un mes del calendario, sino una etapa de profunda renovación espiritual y agrícola.
Durante este periodo se celebraba la festividad conocida como Tlacaxipehualiztli, que marcaba el inicio del segundo mes del calendario solar mexica, aproximadamente hacia el 21 de marzo.
Esta celebración estaba dedicada a Xipe Tótec, deidad asociada con la primavera, la fertilidad de la tierra y la renovación de la vegetación.
El nombre de la festividad significa “ponerse la piel del desollado”, un simbolismo relacionado con el ciclo agrícola: así como el maíz se desprende de su cáscara para germinar, la tierra también se renueva con la llegada de la primavera.
Durante este tiempo también comenzaban las guerras floridas, campañas militares destinadas a capturar prisioneros para los rituales religiosos, los cuales formaban parte de la cosmovisión mexica sobre el equilibrio entre vida, muerte y fertilidad.
Energía y transición estacional
Los rituales de esta temporada incluían ceremonias, danzas y sacrificios con el propósito de pedir lluvia, fertilidad y buenas cosechas.
La creencia actual sobre la “carga de energía” durante el equinoccio de primavera, especialmente en sitios arqueológicos como Teotihuacán, la pirámide de El Pueblito en Querétaro o la Peña de Bernal, tiene su origen en estas antiguas tradiciones vinculadas a la transición estacional.
Una tradición desplazada por el calendario occidental
En conclusión, para los pueblos mesoamericanos —especialmente los mexicas— el mes de marzo representaba el inicio de un nuevo ciclo natural, basado en la observación de la naturaleza y el movimiento de los astros.
Esta tradición fue desplazada gradualmente tras la conquista y la adopción del calendario occidental, aunque muchos de sus significados culturales y espirituales siguen presentes en las celebraciones actuales del equinoccio de primavera.
Fuente:
Heidy Wagner Laclette
https://www.facebook.com/heidy.wagner.laclette
Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes