Las antiguas culturas mexicanas entendían el nacimiento como uno de los momentos más importantes para la vida, la comunidad y la espiritualidad.
QUERÉTARO, 11 de mayo de 2026.
Con motivo del Día de las Madres, hoy hablaremos del embarazo y la maternidad en el México prehispánico, tomando en cuenta que tanto el embarazo como el nacimiento de un nuevo individuo ha sido el evento social más importante en todas las culturas a través de la historia.
El cuidado de la mujer embarazada significó un rol social importante desde épocas ancestrales en nuestro país, dando origen a las madrinas, comadronas o parteras (tlamatlquiticitl en náhuatl). Si bien nunca se obtuvieron explicaciones completas para cada uno de los fenómenos que ocurrían durante el embarazo y el parto, fueron quienes pusieron los primeros cimientos en el arte de la obstetricia, considerada probablemente la primera especialidad médica dentro de la humanidad.
El embarazo era visto como un momento sagrado
Dentro de las culturas prehispánicas de nuestro país, el cuidado de la mujer embarazada se encontraba rodeado de eventos místicos, fenomenológicos y epistemológicos, donde las parteras jugaban un papel sumamente importante. Ciertamente, se trataba de un evento de vida o muerte, por ello el acompañamiento durante el parto era fundamental.
En las culturas prehispánicas, el embarazo y el parto suponían para la mujer una experiencia similar a la de un guerrero que luchaba por su pueblo. Así mismo, la capacidad de dar vida se equiparaba con el poder de fertilidad de la tierra.
Las madres eran consideradas la esencia de la sociedad y responsables de la supervivencia del pueblo, ya que además de la reproducción, tenían la responsabilidad de la educación, la crianza y eran grandes proveedoras dentro de los hogares.
La fertilidad quedó plasmada en el arte prehispánico
Históricamente, la arqueología mexicana ha sido la encargada de descifrar la cotidianidad de las sociedades prehispánicas. Dentro del arte prehispánico quedó plasmada la importancia de la fertilidad, pues es posible encontrar figurillas con mujeres embarazadas, dando a luz, lactando o cargando a sus hijos bajo el rebozo.
La fertilidad femenina guardaba una estrecha conexión con la tierra fertilizadora. Dentro de la ideología mexica destaca Coatlicue, madre de todos los dioses del panteón azteca y representación de la tierra fértil y del origen de la vida. Era considerada madre de Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra.
El acompañamiento de las parteras comenzaba desde el embarazo
La partera visitaba regularmente a la mujer embarazada en su hogar para examinarla y orientarla sobre los cuidados que debía seguir durante la gestación. También enseñaba los cuidados posteriores al nacimiento y la atención que requería el recién nacido.
A partir del séptimo mes, la partera revisaba la posición del feto. Si el bebé se encontraba en posición anómala, la mujer debía sumergirse en agua junto con la partera para realizar maniobras que ayudaran a acomodarlo correctamente.
La comunidad también participaba en el cuidado de la embarazada. Vecinas y familiares ayudaban en las tareas domésticas para evitar esfuerzos excesivos, enojos o sustos, ya que se creía que podían afectar el embarazo o provocar daños al bebé.
El parto estaba rodeado de rituales y simbolismo
El nacimiento también estaba marcado por el misticismo y la influencia religiosa. Para iniciar el trabajo de parto, la partera realizaba invocaciones dirigidas a sus dioses, a la tierra y al tabaco para ayudar a vencer el dolor. Nochicahua era considerada la diosa protectora durante el parto y de la vida de los niños.
Para aliviar el dolor se utilizaban diversas sustancias y plantas medicinales. Una de ellas era el Cihuapatli (Montanoa tomentosa), una hierba utilizada para facilitar el trabajo de parto y ayudar a expulsar al feto.
Las mujeres del centro de México daban a luz en posición de cuclillas mientras la partera las sostenía por detrás para facilitar el nacimiento mediante la gravedad y reducir el esfuerzo físico. En cambio, las mujeres mayas del sur del país utilizaban otras posiciones y eran acompañadas además por ancianas de la comunidad.
El cordón umbilical tenía un significado espiritual
Después del nacimiento, el cordón umbilical poseía un importante valor simbólico. En náhuatl se le conocía como macayotl, palabra relacionada con el linaje y la unión espiritual.
Cuando nacía un niño, el cordón era entregado a un guerrero para enterrarlo en territorio enemigo como símbolo de valor y fortaleza futura. Si se trataba de una niña, el cordón se enterraba dentro del hogar. Para las culturas prehispánicas, el cordón umbilical representaba un vínculo espiritual entre la persona y su destino.
Tras el nacimiento, la partera permanecía varios días cuidando a la madre y supervisando la lactancia, la cual debía durar dos años o más. Los bebés eran cargados mediante telas largas similares al rebozo, permitiendo fortalecer el apego emocional entre madre e hijo.
La tradición de las parteras también vive en Querétaro
La imposición del nombre también era un acontecimiento importante dentro de la sociedad azteca. El padre acudía con el sacerdote para consultar el Tonalamatl o libro de los destinos y elegir el nombre y la fecha más favorable para el recién nacido.
En Querétaro, las parteras estuvieron profundamente arraigadas a la tradición indígena y mestiza. Eran figuras comunitarias sagradas y sanadoras que combinaban la atención física del parto con conocimientos espirituales, herbolaria y medicina tradicional.
Durante gran parte del siglo XX, las parteras tradicionales fueron fundamentales en comunidades rurales e indígenas del estado, especialmente donde no existían médicos ni centros de salud.
Municipios como Amealco de Bonfil, Jalpan de Serra, Tolimán, Cadereyta y Colón conservan hasta hoy una fuerte herencia de medicina tradicional y conocimientos ancestrales relacionados con la maternidad y el parto.
Una tradición que sigue viva en la memoria cultural
La partería en México y particularmente en Querétaro continúa siendo reconocida como parte importante de la identidad cultural de las comunidades indígenas y rurales. El uso de plantas medicinales, masajes, rezos y conocimientos ancestrales sigue formando parte de la memoria histórica y social del país.
Fuente original:
Texto de Heidy Wagner Laclette Facebook,
Cronista Honoraria de Cadereyta de Montes.
Nota editorial:
Adaptación editorial de En Contacto Noticias con enfoque cultural e histórico, respetando la estructura y narrativa original del texto fuente.