La caída del dólar no es fortaleza del peso: un efecto externo que no beneficia a los mexicanos
Ciudad de México. — La reciente depreciación del dólar frente al peso mexicano ha sido presentada en algunos discursos como una señal de fortaleza económica. Sin embargo, especialistas coinciden en que la caída del dólar no responde a un desempeño excepcional de la economía mexicana, sino principalmente a factores externos derivados de las políticas económicas y monetarias de Estados Unidos.
En las últimas semanas, el debilitamiento del dólar ha estado relacionado con expectativas de ajustes en la política monetaria de la Reserva Federal, menor presión inflacionaria en Estados Unidos y señales de desaceleración económica. Estos elementos han reducido la demanda global del dólar, provocando su pérdida de valor frente a diversas monedas, no solo frente al peso.
En este contexto, el peso mexicano se ha beneficiado de manera circunstancial, impulsado por el diferencial de tasas de interés y movimientos financieros de corto plazo, más que por un crecimiento estructural de la economía nacional.
Un “peso fuerte” que no se refleja en el bolsillo
Aunque un tipo de cambio bajo suele asociarse con importaciones más baratas, en la práctica los consumidores mexicanos no han visto una reducción real de precios. Por el contrario, muchas empresas extranjeras que comercializan productos y servicios en México y que antes facturaban en dólares han comenzado a ajustar sus precios en pesos para compensar la pérdida del valor del dólar.
Esto significa que, aunque el dólar valga menos en el mercado cambiario, los precios finales para los mexicanos se mantienen iguales o incluso aumentan, ya que los costos se trasladan directamente al consumidor. Sectores como tecnología, servicios digitales, transporte, insumos industriales y franquicias internacionales han aplicado este tipo de ajustes.
Beneficio financiero, no económico
Analistas señalan que el escenario actual beneficia principalmente a operaciones financieras de corto plazo y a grandes capitales, pero no representa una mejora real en el poder adquisitivo, el empleo o la productividad en México. La economía nacional sigue enfrentando retos como bajo crecimiento, alta informalidad y presiones inflacionarias en productos básicos.
Además, un peso artificialmente fuerte puede generar distorsiones, afectando a exportadores y a sectores productivos que dependen de un tipo de cambio competitivo, sin que exista una compensación clara para la población en general.
Un fenómeno externo con impacto limitado
En síntesis, la caída del dólar no debe interpretarse como un triunfo de la economía mexicana, sino como un reflejo de decisiones y condiciones externas, particularmente de Estados Unidos. Mientras no exista un crecimiento sostenido, inversión productiva y mejoras estructurales, el tipo de cambio seguirá siendo una variable financiera, no un indicador real de bienestar económico.